Crean un sistema para identificarnos por nuestro olor

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En nuestra sociedad existe una tendencia hacia la búsqueda de sistemas de identificación de las personas cada vez más precisos. Y al mismo tiempo, que sean poco intrusivos y que no despierten desconfianza en la gente. Con esta idea en mente, un equipo de investigación ha desarrollado un método que permite identificarnos por nuestro olor corporal.

Es cierto que el desarrollo de este tipo de tecnologías despierta sentimientos encontrados. Por una parte, todos – o casi todos – estamos interesados en evitar robos de identidad y situaciones similares. Pero a nadie – o casi nadie – le gustan los avances hacia un “Gran Hermano” orwelliano que controle todos nuestros pasos.

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Para entender las posibles aplicaciones que esta tecnología podría tener, pensemos en un aeropuerto. Para pasar los controles debemos identificarnos, y para ello entregamos documentos de identidad – por ejemplo, un pasaporte – con una fotografía. La identificación se realiza comparando nuestra cara con la de la foto.

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Drewdlecam (Flickr, CC)

Desde que se empezaron a realizar las pruebas de identificación por ADN, a principios de los años 90, centenares de personas han salido de la cárcel en EEUU tras demostrarse que no participaron en los delitos por los que les condenaron. Uno de los datos más llamativos es que en algunos de estos casos, incluso de asesinato, los condenados habían confesado el crimen y estaban convencidos de haberlo cometido. Pero fueron víctimas de su propio cerebro y de un fenómeno que se conoce como “falsa confesión“.

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El problema es que hay muchos factores que entran en juego. El sistema en sí es bueno, pero por ejemplo un cambio de peinado, o en el caso de los hombres dejarse crecer la barba o afeitarla, puede cambiar el rostro y dificultar las identificaciones. Y las fotografías se pueden alterar, por mucho que los nuevos pasaportes sean difíciles de falsificar.

La alternativa lógica sería utilizar las huellas dactilares o un análisis del iris. Ambas técnicas tienen un margen de error muy pequeño, pero resultan muy desagradables. No por ser dolorosas ni cuestiones parecidas. Simplemente, porque las tenemos asociadas con la identificación de criminales, y nos hace sentir muy incómodos. En el caso del iris hay que sumar otro factor, que es el alto coste de los sistemas que se emplean para analizarlo.

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Así que había que buscar otro método. Y en lo que se pensó fue en el olor corporal. De una manera más “artesanal” ya se venía usando desde hace mucho tiempo: los perros entrenados para búsquedas, bien por parte de la policía o sobre todo en casos de desapariciones y catástrofes, se guían por el olor.

Pero surgía una duda: ¿cómo de fiable sería un sistema basado en el olor corporal? Distintas enfermedades pueden cambiar el olor, y también cambios en la dieta o incluso en el estado de ánimo. No parecía el mejor sistema… salvo que se demostrase lo contrario.

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Muchas veces, al hablar de la especie humana, recordamos que muchas de nuestras características animales se han ido perdiendo o deteriorando. Por ejemplo, el sentido del olfato. En un gran número de animales la quimioseñalización, o comunicación de mensajes a través de señales olfativas, es muy importante. En cambio, en el ser humano este sentido está muy limitado. Aunque, según se explica en un artículo reciente, menos de lo que nos pensamos.

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Los autores de este trabajo han tratado de demostrar que la quimioseñalización todavía resulta un factor importante en nuestra especie. Y los resultados han sido claros: los seres humanos modificamos la composición de nuestro olor corporal, especialmente el sudor, al enfrentarnos a circunstancias que afectan a nuestro estado de ánimo. También han podido demostrar que, al percibir esos olores, cambia nuestro estado de ánimo.

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Que es lo que han llevado a cabo los investigadores. Realizando un seguimiento de 13 voluntarios durante 28 sesiones, han podido comprobar que un sistema de identificación basado en el olor es fiable. No tanto como las huellas dactilares, pero sí a un nivel suficientemente alto como para poderlo aplicar.

En concreto, la tasa de error es del 15%. Lo que quiere decir que en más de ocho de cada diez casos la identificación es correcta. Si a este sistema se le suma el de las fotografías, la posibilidad de que se realicen identificaciones erróneas es muy baja.

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También es cierto, y resulta importante comentarlo, que este sistema puede tener una utilidad más. Quizá incluso más interesante que la principal. Los mismos investigadores que la han puesto a punto están trabajando en aplicarla en el diagnóstico de ciertas enfermedades que cambian el olor corporal, como pueden ser el cáncer de colon o la leucemia.

Fuente de:  http://es.noticias.yahoo.com

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